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  • Foto del escritorANDARES

8° CORRIENTE: HACIA EL PASADO TAMBIÉN SE AVANZA

Actualizado: 22 may 2022

Cuando un espectador se acerca a la programación de un festival o muestra de cine en lo último que suele reparar -si es que lo hace- es en las características de la misma: de cuáles películas se compone, por qué ellas, por qué no otras, qué enuncian juntas, quiénes las eligieron y quiénes son estos desconocidos que hicieron ese trabajo. ¿Qué narrativa se propone o cuál se pretende contradecir con tal programa? Una vez hecha la primera pregunta al respecto las demás caen como por defecto, perdiéndose para siempre en el camino la ingenuidad sobre la procedencia de los contenidos audiovisuales que recibimos, sea por diversión, evasión, educación o azar. Y eso aplica para los festivales de cine, para la tele, para Netflix y hasta para las páginas de mascotas que seguimos en redes sociales. El orden de los factores sí altera el mensaje y más vale estar atentos a ello.



Así mismo, aprovecho para expresar cachosamente mi inconformidad con los extensos y pomposos títulos curatoriales heredados de las galerías de artes plásticas y visuales. No obstante, pese a su solemnidad, en este caso ofrece pistas fidedignas de las intenciones expresivas del programa en cuestión: Cinematografías que resisten: Alteridades en la producción audiovisual peruana del 68 al 94”*, curaduría a cargo de los también realizadores Edward de Ybarra, Mauricio Godoy y Nicolás Carrasco para el octavo Corriente: Encuentro Latinoamericano de Cine de No-ficción.


A ver qué provocan esas palabras del título una vez contrastadas con los estímulos de la maratón de once películas que comprenden el programa y que más bien se plantean como un solo relato de once partes elaborado retrospectivamente en veinte años. Como quien busca atrás lo que hay que ver en adelante.

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Y empiezo abordando el título de marras con preguntas que pueden leerse como afirmaciones debatibles incluso por mí mismo durante este texto: “Cinematografías que resisten”, ¿pero a qué? ¿Al paso del tiempo? O sea, ¿a su progresiva invisibilización en las pantallas de cine con el correr del tiempo? ¿A su ausencia en la historia oficial del cine peruano? ¿Cuál es esa historia oficial? ¿En qué otras pantallas debieron verse periódicamente estas películas realizadas hace décadas para no tener que resistir? Así es, en las de una cinemateca inexistente en el Perú. Estoicamente, centros culturales, salas alternativas, festivales y demás encuentros cinematográficos intentan preservar o reconstruir las memorias audiovisuales cada vez más dispersas entre colecciones privadas y sucesos efímeros, sugiriéndonos apresar la historia cinematográfica peruana cada vez que reaparece en muestras como ésta antes de que se desvanezca hasta nuevo aviso. Sin querer llegué a ese inevitable lugar común. Pero ya mismo salgo.


Sin embargo, como todo lo que aún está vivo, la historia del cine peruano sigue escribiéndose con cada revisita, trazándose nuevas rutas que se pueden entrecruzar, quizás no tanto para acuñar algún título perdido sino para revalorar alguno que se creía olvidado. Es así que esta retrospectiva, cuando no refresca la memoria con viejos títulos más o menos conocidos para un espectador experimentado, presenta tardíamente títulos vitales que de haber sido hallados aislada y azarosamente podrían extraviarse entre las incontables experiencias descontextualizadas que solemos tener los cinéfilos. En ese sentido, la coherencia discursiva entre las partes de “Cinematografías que resisten...” funciona, pues propone una narrativa cronológica con las once películas seleccionadas que asienta, obra tras obra, una reafirmación del cine como medio de comunicación social efectivo para estos autores. Ese cine militante del que tantas veces oímos pero que pocas veces vemos.

Continuando con el título que sigue entregando pistas de lectura, ¿el plural de “cinematografías” responde a la coexistencia de varios cines peruanos -entiéndase estilos, modos de producción y de circulación- en el propio país? En ello no podría estar más de acuerdo y es un asunto que tocaremos sostenidamente en Andares así sea de rebote. Por su parte, las “alteridades” del subtítulo aludirían a las diversas intenciones de estos realizadores por representar y hacerse eco cinematográfico de poblaciones y consignas históricamente acalladas. Un cine político que se aleja del panfleto temático por la empatía de los autores en cuestión con sus respectivos procesos creativos, donde la autorepresentación de las personas en cada película trasciende la actuación de un guion y la dramatización de sus propias rutinas hacia el reconocimiento de sí mismos. Las personas en las películas por sobre los personajes cinematográficos.


Por otro lado, me pregunto, ¿por qué el marco histórico elegido por los programadores es de 1968 a 1994? Margen más amplio al enmarcado por la incontables veces mencionada Ley de Fomento a la Industria Cinematográfica 19327**, que tuvo vigencia entre 1973 y 1992. Acentúa mi duda que la primera película programada Danzantes de tijeras (Manuel Chambi y Jorge Vignati) haya sido realizada en 1972 mientras que la última, Una pequeña mirada (Danny Gavidia), en 1992. Que no haya ninguna de Armando Robles Godoy de aquella época como En la selva no hay estrellas de 1968 o La muralla verde de 1970 lo relaciono a la intención de proponer obras más “resistidas” en el tiempo como de autores menos conocidos, ambas condiciones que sí comparte Anastasha de Antonio Fortunic, película de 1994 que no forma parte de este ciclo pero que aprovecho para recomendar a los cinéfilos curiosos de obras radicales, heterodoxas y disidentes. Este párrafo fue sólo una amable provocación.


Acabo este raro texto de cine donde no escribí de ninguna película. O quizás ni siquiera fue uno de cine sino sobre el título e intención curatorial de una muestra de películas que me revoloteó algunas ideas. Y por ello agradezco a Corriente y su infatigable cinefilia.


Seguiremos escribiendo.


* Primera entrega de la macrosección titulada también pomposamente “Cartografías peruanas atravesadas: Rutas y horizontes heterogéneos en cinco décadas de producción audiovisual”.



** Ley promulgada en marzo de 1972 -pero que entró en vigencia en 1973- durante el Gobierno Revolucionario de la Fuerza Armada liderado por el General EP Juan Velasco Alvarado y derogada en diciembre de 1992 durante el primer gobierno de Alberto Fujimori. Tuvo como principal incentivo impulsar la exhibición obligatoria de largometrajes, cortometrajes y noticieros peruanos en circuito comercial.



Antes de irme, comparto. Pocas cosas me molestaban más que escribir sobre películas que no se pueden ver ni con piratería. Es como hablar de una experiencia que no puede compartirse ni extenderse a nadie. Mal que bien, varios de los títulos de este programa están disponibles en algunos canales de Youtube y se los alcanzo para que vean, revean o descubran estas valiosas producciones según la propuesta narrativa de los curadores del programa:


1. DANZANTES DE TIJERAS (Manuel Chambi, Jorge Vignati, 1972)


2. NIÑOS (Grupo de Cine Liberación Sin Rodeos, 1974)


3. EL JUANSITO (Nora de Izcue, 1978)


4. ES AMADOR (Roberto Bonilla, 1978)


5. EL CASO HUAYANAY: TESTIMONIO DE PARTE (Federico García Hurtado, 1980)


6. CASIRE (Marianne Eyde, 1980)


7. HOMBRES DE VIENTO (José Antonio Portugal, 1984)


8. EL HOMBRE SOLO (Gianfranco Annichini, 1985)


9. CHABUCA GRANDA… CONFIDENCIAS (Martha Luna, 1988)


10. LUNA DE ALMENDRA (Rosamaría Álvarez Gil, 1990)


11. UNA PEQUEÑA MIRADA (Danny Gavidia, 1992)



John Campos Gómez / Andares Cine

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